Ser Humano
Mirando comer a las palomas desde un banco de la Plaza cercana, me puse a observar la conducta individual y colectiva de las aves.
Un día frío de invierno, cuando la comida es escasa, ellas no modifican sus hábitos y continúan compartiendo su alimento, sin hacer acopio ni quitarle a las demás su oportunidad de nutrirse.
Comen sólo aquello que pueden tragar, y como no tienen bolsillos, no se llevan nada para el nido. Sólo el alimento que regurgitarán en el pico de sus pichones.
Las veo volar libres, acercándose a las personas sólo para intentar que las conviden con unas migajas, pidiendo con sus ojos y un acercamiento que anuncia necesidad.
Muchos las corren, otros son indiferentes a las insinuaciones, y otros envuelven todas las migas en un papel que tiran a la basura. Pocos les entregan el sobrante que no usarán, e irán a alimentar a las ratas de algún basural.
Comparando nuestras conductas con la de los animales, me siento defraudado y avergonzado.
Será porque los Animales llevan más tiempo instalados en el Planeta que manifiestan una solidaridad y un control de sus Hábitats que nosotros no podemos adoptar?.
El Humano es egoísta, envidioso, avaro y en general no comparte, aunque se le caiga el dinero de los bolsillos, no es capaz de ayudar al que nada tiene.
Somos una montaña de basura con patas, que transita los territorios planetarios, buscando cosas y oportunidades de aumentar nuestros ingresos, aún a costa de dejar sin nada a los demás.
Tantos milenios de existencia como Especie, intentando mejorar nuestro estatus, instalando en nuestro gran cerebro el razonamiento lógico y el procedimiento científico, para terminar creando modernas sociedades, que son cotos de caza cerrados, dominados por los audaces, los violentos y los cobardes armados.
La Droga hace estragos en los jóvenes especimenes, destruyendo sus cerebros, su familia y su futuro, y convirtiéndolos en parásitos inútiles del sistema.
El porvenir de la Especie se disuelve y evapora, junto al humo de las pipas.
Hoy todos se horrorizan y se rasgan las vestiduras, porque los menores rapiñan, roban y balean a las personas antes de asaltarlas.
Mientras tanto los legisladores votan leyes que no permiten pegarle a un menor de edad porque en ese caso marchas a la cárcel.
Cuando yo era niño, y hacía algo indebido o me equivocaba, me daban un coscorrón o una cachetada y era la mejor forma de explicarte que ciertas cosas no deben hacerse.
Hoy si le pegas a un niño que viene con un arma a meterte un plomo en el cuerpo, el Juez te condena por castigar a un menor, y se lo entrega con revólver y todo a sus padres.
No sé porqué cambiaron tanto las Leyes en beneficio de los menores, que ya no se los puede corregir para inculcarle los valores necesarios para una convivencia civilizada.
Antes, si le faltabas el respeto a un policía o a una dama, te llevaban a la comisaría y un agente se ocupaba de explicarte que esas cosas no se hacen, y si lo vuelves a hacer deberás atenerte a las consecuencias.
Hoy un padre no puede pegarle a un hijo, ni siquiera por una falta de respeto o un robo.
He visto a menores, escupiendo la cara de policías, mientras que éstos con sus bastones intentaban amenazarlos, y ellos decían, -y no me toques, porque me pego la cabeza contra la pared, y digo que me pegaste con el palo-.
No hay armas racionales contra estos pequeños delincuentes que saben más de leyes que los propios jueces.
La solución pasa por cambiar las leyes, pero no bajando la edad de imputabilidad, sino volviendo al antiguo estatus.
Desde los primeros años escolares, enseñarle a los niños que las malas acciones tiene castigo, y aplicarles el reglamento en penitencias que les muestren el rigor de la Ley.
El Mundo va cambiando, pero si la mentalidad de los Líderes quiere insertar innovaciones, sería mejor que volvieran a la Escuela, para aprender Educación y buenos modales, en bien de sociedades futuras con porvenir venturoso.
Los mayores de hoy, somos fruto del rigor y de una educación férrea, que aunque dura, nos marcó un camino derecho y correcto, hacia un porvenir que aunque no fuera muy venturoso, sí era cierto y seguro.
Si no volvemos a la senda, nos perderemos en campos desconocidos que pueden destruir las civilizaciones establecidas sobre reglas que hoy han dejado de regir nuestros destinos y nos presentan un porvenir de macabra incertidumbre.
Orbisalas
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