28 de marzo de 2015
La existencia de la Divinidad
Una portentosa creación que
avasalla a la Materia misma, es la maravilla con que hemos sido dotados:
La Mente Humana.
Escapa a todo lo real y concreto, y establece un puente a
lo posible y lo imposible: la Imaginación y las Ideas.
Todos los inventos,
descubrimientos y avances humanos, han tenido su origen en la Mente del Hombre.
Porque ésa mente está contagiada
de Divinidad.
De ahí proviene su poder para
Crear y concretar su Pensamiento, de las autorizaciones que ha recibido, que
han convertido a los humanos en ángeles sobre la Tierra.
Pero la soberbia y el delirio de
grandeza, lo han mareado, y cree que es un Ser superior, por derecho propio y
su grandeza se le debe, sin intervención alguna exógena.
La imaginación requiere que la
mente cree, (de crear), escenarios que no existen a nuestros alrededor, pero
que serían realmente posibles en alguna parte del Universo.
Tal vez acude a una realidad muy
lejana, como George Lucas en la Guerra de las Galaxias, porque el Cosmos es tan
enorme que en él todo recreo es posible.
Y por eso comienza sus historias
con un.. “En una Galaxia muy, muy lejana...
Seguramente los Seres que viajan
entre las Estrellas, en nada se parecen a nosotros que somos demasiado efímeros
y vulnerables a las condiciones del Cosmos.
En ese caso estaríamos hablando
de Seres muy longevos, cuyas civilizaciones en lugar de enfrascarse en guerras
inconducentes, se han dedicado a avanzar en investigaciones científicas, para
producir ingenios viajeros muy seguros, con propulsión muy potente y
abastecimiento ilimitado de propelentes.
Nosotros tenemos una prohibición
contundente de salir del Planeta y avanzar sobre el Cosmos. El ambiente cósmico
nos es tan letal, que en él estallaríamos como globos.
En cambio nuestra Mente, como
espíritu, puede ir y venir entre estrellas y galaxias en segundos con sólo ver,
por ejemplo, las fotografías del telescopio Hubble.
Jamás podremos llegar a las
cercanías de la Estrella más cercana, pero nuestra mente ya conoce la nebulosa
de Orión, la de Águila, la Tarántula etc, que se encuentran a decenas y
centenares de años luz.
Conociendo las limitaciones
humanas y el hecho de vivir en un planeta pequeño, con recursos minerales al
borde de la extinción, apenas podemos aspirar a sobrevivir unas centurias,
antes de perecer en medio de catástrofes climáticas, agotamiento de fuentes de
energía, alimentos, o cataclismos cósmicos.
Sabemos que se acerca un fin
inevitable, pero nuestro subconsciente no reconoce el peligro, y preferimos
seguir soñando con viajes interestelares, y, porqué no intergalácticos.
Éste quimérico sueño es posible
porque hemos sido creados por quién puede realizarlos: el Ordenador que comanda
la Creación.
Al crear el Holograma en que
vivimos y constituye nuestra realidad, nos ha permitido conocer una parte de su
esencia y usar un poco de su Poder, para, usando sus materiales, construir
nuestras Civilizaciones superficiales.
Esto nos llena de soberbia y nos
hace sentir poderosos, y someter a quienes no tienen esos privilegios.
Estamos contagiados de Divinidad,
y nos sentimos casi ángeles, a pesar de nuestra efímera y débil condición.
Esto seguramente o es visto con
buenos ojos por un Creador que fracasó en recrear Seres semejantes él en la
Tierra.
El éxito de su obra en la Tierra,
se ha visto defraudado por una Criatura que en lugar de venir a compartir, ha
llegado con intenciones de apoderarse del escenario donde ha sido amablemente
instalada.
El desvalido Hombre, se ha
convertido en un gran depredador que arrasa el Paraíso prometido.
Apoyados en nuestra Mente,
podemos llegar hasta los límites de la Biosfera, luego comienza la prohibición,
y debemos dejar libre al espíritu para que continúe el viaje.
Respetemos las reglas, y compartamos
los bienes que hemos encontrado al llegar.
Usemos lo necesario para nuestra
supervivencia y un buen pasar.
Lo demás no es nuestro, son
Bienes Humanos que hemos recibido como soporte de nuestra existencia.
No deben ser tocados ni legados,
son lugares comunes a compartir, que no deben ser usados en beneficio propio ni
de personas allegadas.
Sabemos que no somos dueños de
nada, pues todo le pertenece al Creador, y luego de nuestro periplo vital, las
cosas vuelven a sus dominios.
Usemos con criterio, sin dañar
las posibilidades de acceso a los demás, pues el defecto podría terminar con nosotros
en lugares indeseables, donde no es posible soñar.

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